DIFERENTES PRUEBAS DE ESFUERZO

Posted by on feb 17, 2014 in Blog, Rendimiento | 0 comments

DIFERENTES PRUEBAS DE ESFUERZO

A continuación os dejo una breve explicación de las diferentes pruebas de esfuerzo se pueden hacer. Espero que os guste

PRUEBAS DE ESFUERZO

La complejidad de las pruebas de esfuerzo es variable, dependiendo de los medios de cada
Centro, y de la información que quiera obtenerse de las mismas. En un extremo están las pruebas de esfuerzo simples, como la prueba de marcha de seis minutos, y en el otro, las pruebas de esfuerzo cardiopulmonar con cuantificación de la carga, determinación del consumo de oxigeno (VO2), medición del intercambio gaseoso y otras variables de interés fisiopatológico.
Para estas pruebas pueden utilizarse la bicicleta ergométrica, o bien un tapiz rodante.
La bicicleta ergométrica o cicloergómetro se caracteriza por disponer de un sistema mecánico o electromecánico que permite incrementar de manera progresiva la carga que debe soportar el sujeto. Debe tener además posibilidad de calibración así como manillares y asiento ajustable a la altura de los pacientes. Su ventaja es que es más barato que el tapiz, ocupa menos espacio y al estar más estático hay menos artefactos de medición, y sobre todo, se conoce la potencia que se administra. Su desventaja es que es más difícil de calibrar y la incapacidad de algunos enfermos para utilizar la bicicleta. El tapiz rodante es un sistema rodante en el que se puede modificar la velocidad de rotación y la inclinación con respecto al suelo. Debe tener un intervalo de velocidad mínima desde 0 a 12 Km/h. En caso de sujetos entrenados pueden ser necesarias mayores velocidades. La inclinación de la rampa debe ser variable desde 0 al
20%. Debe tener un botón de parada de emergencia y un pasamanos en el frente y a ambos lados. Su ventaja es que se trata de un ejercicio con el que los pacientes están más familiarizados que con el pedaleo y se ven implicados un mayor número de músculos por lo que el VO2 es entre un 5-10% mayor que si se utiliza el cicloergómetro. Su inconveniente es que es más ruidoso y costoso y que no se conoce la potencia que está desarrollando el paciente.
En general, se recomienda el empleo de la bicicleta ergométrica, ya que es más barata, requiere menos espacio, produce menos artefactos en el registro del electrocardiograma y sobre todo por la facilidad de cuantificar de forma adecuada la intensidad del ejercicio y, por tanto, analizar la relación entre el VO2 y la carga.
El tipo de protocolo a emplear dependerá de lo que queramos analizar; si el objetivo es analizar como se adaptan los diferentes eslabones del sistema de transporte de oxigeno, se debe emplear un test de esfuerzo a carga constante, en él la carga se mantiene constante durante un periodo de tiempo determinado, durante el cual se toman las mediciones oportunas.
Si lo que pretendemos es conocer la tolerancia al esfuerzo de un sujeto, debemos realizar un esfuerzo máximo, para alcanzar dicho esfuerzo, la carga que debe vencer el sujeto se incrementará de forma progresiva, se habla entonces de un test de esfuerzo de tipo incremental.

Prueba de marcha de seis minutos (walking test)
Es una prueba ampliamente utilizada en la clínica. Consiste en cuantificar la máxima distancia que el sujeto es capaz de recorrer en un periodo de tiempo preestablecido, valorando también la disnea, frecuencia cardiaca y saturación arterial de oxigeno durante y al final de la prueba El sujeto mantiene una velocidad constante durante la marcha, se trata por tanto, de una prueba de carga constante. Esta prueba se correlaciona con la calidad de vida y ha demostrado su valor predictivo en la valoración de pacientes con hipertensión pulmonar primaria, fibrosis quística y en la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Por el contrario, no tiene una buena correlación con las pruebas de función pulmonar en condiciones de reposo; además la distancia recorrida es dependiente de la motivación del paciente y del aprendizaje.
Para tratar de corregir estas limitaciones se han desarrollado otras pruebas como el
shuttle walking test que consiste en caminar entre dos marcas separadas por diez metros a una velocidad marcada por una señal sonora, la velocidad se incrementa cada minuto y la prueba finaliza por disnea, por no haber completado el recorrido entre episodios, es decir, el paciente no es capaz de caminar a la velocidad señalada, o cuando se alcanza el 85% de la frecuencia cardiaca máxima. El parámetro de medida es el número de episodios que realiza el sujeto hasta finalizar la prueba. A diferencia del test de marcha de seis minutos, éste es un test donde la velocidad se incrementa, es por tanto una prueba de tipo incremental.

Protocolos incrementales

Si pretendemos analizar la tolerancia al esfuerzo del paciente, es decir, evaluar la respuesta del organismo ante un incremento progresivo de la carga hasta llegar a un límite (determinado por la sintomatología del paciente o por la aparición de alguna complicación) o lo que es lo mismo, si queremos determinar su VO2 máximo, debemos plantearnos un test de esfuerzo de tipo incremental. Este tipo de prueba se puede realizar, bien con un cicloergómetro o con un tapiz rodante, existiendo protocolos para cada uno de ellos.
Una prueba de tipo incremental comprende el análisis durante un periodo de aproximadamente 18 minutos desde el inicio al final de la prueba : a) una fase de reposo previa al ejercicio que dura tres minutos, b) una segunda fase de ejercicio sin carga, de la misma duración, seguida de c) la fase de ejercicio, de duración variable según la tolerancia del paciente, unos diez minutos aproximadamente, en la que se va incrementando la carga progresivamente y por ultimo d) la fase de recuperación, manteniendo el ejercicio sin carga durante otros tres minutos.
En el caso del cicloergómetro se debe emplear un cicloergómetro con control electromagnético empleando una frecuencia de pedaleo constante de unos 60 ciclos/min. Tras efectuar las mediciones en reposo (3 minutos) se realizan tres minutos de pedaleo sin carga y posteriormente se inicia el protocolo de carga; puede incrementarse de forma continua o en forma de escalones fijos cada minuto, obteniéndose resultados equivalentes en ambos casos. La magnitud del incremento de carga dependerá de las características del paciente, de forma que el periodo de incremento de carga dure aproximadamente diez minutos. Incrementos de 10 a 20Watts/ min suelen ser adecuados para sujetos sedentarios sanos, pero el estudio de pacientes puede requerir incrementos inferiores de la carga (15). En general suele utilizarse un test incremental escalonado, con incrementos de carga de 20 Watts/ min que se mantiene constantes durante 1 o 2 minutos hasta que el paciente presenta limitación de la tolerancia por síntomas, de forma que no pueda mantener una frecuencia de pedaleo regular superior a 40 ciclos/min o hasta que aparezcan algunas de las circunstancias que obligan a detener la prueba. Finalmente hay una fase de recuperación de tres minutos de duración. (Figura 2.a)
En caso de utilizar el tapiz rodante, tras mediciones en reposo (2-3 min) se inicia la prueba andando al mínimo posible (1-1.5 Km/ hora) y posteriormente se inicia el protocolo de incremento de potencia. Hay distintos protocolos, siendo el de Balke el más utilizado se mantiene una velocidad constante del tapiz entre 3 y 5 Km/ hora y aumentos de la pendiente de 1% a 2% por minuto hasta llegar al máximo. Una vez alcanzado el máximo se continúan midiendo todas las variables durante la fase de recuperación.

Tanto en una modalidad como en otra es necesario monitorizar el ECG y la SatO2 mediante
pulsioximetría a lo largo de toda la prueba y medir la TA de forma periódica. Asimismo, es útil determinar la percepción de síntomas durante y al final de la prueba de esfuerzo, lo cual incluye la intensidad del ejercicio, la disnea y el cansancio muscular de piernas. La cuantificación de estos síntomas se realiza mediante procedimientos estandarizados como la escala de Borg o la escala analógica visual.
La prueba incremental estándar debe contemplar mediciones no invasivas que incluyen: medición de O2 y CO2 en aire espirado, carga de trabajo (W), ventilación por minuto (VE) y sus componentes (frecuencia respiratoria y volumen corriente), frecuencia cardiaca y presión sanguínea sistémica. En pacientes con enfermedad pulmonar, la interpretación de estas pruebas requiere la evaluación del intercambio gaseoso, en estos casos se obtienen muestras de sangre arterial en reposo y con el máximo esfuerzo.

Protocolos a carga constante
Si el objetivo de la prueba de esfuerzo no es determinar el grado de tolerancia del paciente, sino analizar en profundidad como se adaptan los diferentes eslabones del sistema de transporte de oxigeno a un nivel determinado de ejercicio, emplearemos una prueba de esfuerzo en estado estacionario (steady–state). El sujeto realiza el esfuerzo a una carga constante durante un periodo de tiempo. La carga puede ser inferior al umbral láctico (intensidad moderada), o estar por encima del mismo (intensidad elevada).
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Una aplicación de estos protocolos a carga constante es la de valorar si el sujeto es capaz de mantener un esfuerzo submáximo durante un período de tiempo prolongado, pudiendo establecer así programas de rehabilitación en determinadas patologías respiratorias. Asimismo, pueden ser útiles para la evaluación de las necesidades de oxigenoterapia durante el ejercicio simulando los valores de VO2 que puedan requerirse durante determinadas actividades diarias. Son útiles también en el diagnóstico del asma inducido por el ejercicio, en este caso el protocolo recomendado consiste en un rápido incremento de la carga hasta conseguir un alto grado de ventilación durante al menos cuatro minutos mientras el paciente respira aire comprimido que proporciona unas condiciones de humedad y temperatura adecuadas. Para demostrar la obstrucción de las vías aéreas debe realizarse una espirometría antes y a los 3,
5, 10, 15, y 30 minutos después del ejercicio. Una caída del 10% en el FEV1 después del ejercicio se considera anormal y un descenso superior al 15% se considera diagnóstico de
broncoespasmo inducido por el ejercicio.