LA ACTIVIDAD FÍSICIA COMO HERRAMIENTA TERAPEÚTICA II : LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE

Posted by on ene 17, 2014 in Blog, Medicina | 0 comments

LA ACTIVIDAD FÍSICIA COMO HERRAMIENTA TERAPEÚTICA II : LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE

Ya hemos mencionado en el anterior artículo sobre la enfermedad de Parkinson, la importancia que tiene la práctica de actividad física para la preservación de la salud y la mejora de la calidad de vida.
Hoy queremos hacer una pequeña mención a una enfermedad como la esclerosis múltiple ( EM).
La EM es una alteración primaria de las vainas de mielina ( que tiene la función de propagar y conducir los estímulos/impulsos nerviosas). Se caracteriza por la aparición de áreas de desmielinización ( placas) que se distribuyen de forma difusa por el sistema nervioso. Esta desmielinización puede llegar a transformarse en una cicatrización( gliosos), de aquí el nombre de esclerosis.
Existen distintos tipos clínicos en función de la evolución de la enfermedad ( del tiempo y la discapacidad que se genera). Su evolución puede darse en brotes o ser una evolución progresiva ( tanto primaria como secundaria)

La clínica característica de esta enfermedad :

Sensitiva ( Parestesias; Hipoestesia táctil, térmica, dolorosa y profunda)
Motora ( monoparesia/ hemiparesia; espasticidad; ROT exaltados)
Diplopia ; disfagia; vértigo; oftalmoparesia
Neuritis óptica
Alteraciones cerebelosas
Fatiga ( falta subjetiva de energía física y / o mental. Máxima al mediodía y que se agrava con el calor)

Esa sensación subjetiva de fatiga es la que en muchas ocasiones se presenta como una dificultad para introducir en la práctica de actividad física a algunas de las personas que padecen esta enfermedad pero es la primera sensación que mejora cuando se logra introducir como un hábito.

Hoy día contamos con una gran variedad de fármacos específicos con los que se trata de combatir la sintomatología; pero, al margen del tratamiento farmacológico, se ha demostrado que la realización de ejercicio de forma continuada puede generar un retraso en la evolución de la discapacidad y una importante mejoría en el estado general acompañado de una disminución en la aparición de efectos secundarios.
La intolerancia al calor que se presenta en esta enfermedad se convirtió en una contraindicación para la realización de actividad física; hoy está comprobado que adoptando unas medidas preventivas ante este inconveniente, la práctica de ejercicio se convierte en una importante indicación. Un estudio demostró que un baño de agua tibia sobre piernas y parte inferior de tronco al inicio del ejercicio, una hidratación permanente y el control de la temperatura ambiental, duración e intensidad del ejercicio son capaces de controlar este factor. En general un incremento de 0,5 grados en la temperatura central puede generar un empeoramiento clínico. Es un inconveniente con el que nos encontramos a la hora de prescribir ejercicio a estos pacientes pero que puede controlarse, se convierte en una dificultad pero no en un impedimento.
Todo entrenamiento debe individualizarse y en estas personas el tipo de ejercicio físico depende del grado de enfermedad, edad, clima y estado físico ( entre otras muchas cosas).
Se puede realizar ejercicio aeróbico, es más, beneficiará su condición física y mejorará su sensación de bienestar. Aquellos que presentan un mejor nivel cardiovascular pueden realizar ejercicio aeróbico 3 o más veces a la semana una intensidad de 60-85% de su frecuencia cardíaca máxima y durante 20-30 minutos. Caminar o nadar son actividades muy recomendables. El agua cuenta con grandes beneficios en estos casos, ya no sólo por la capacidad de refrigeración, también porque se minimizan los problemas de equilibrio que pueden aparecer. Cuando nos enfrentamos a un estado más avanzado de la enfermedad donde nos encontramos con una pérdida de la capacidad motora, entonces podemos hacer uso de la bicicleta.
La fuerza y la flexibilidad trabajadas mediante series de 10-15 repeticiones aumenta el equilibrio, la coordinación y la confianza en sí mismos. El principal inconveniente es la aparición de fatiga, por lo que la planificación del entrenamiento deberá hacerse teniendo en cuenta los diferentes grupos musculares y cómo debe introducirse en el entrenamiento mediante programas de ejercicio gradual. En pacientes más limitados en cuanto a movilidad, la realización de ejercicios pasivos ayudará a que se minimice la aparición de contracturas. Los ejercicios de fuerza pueden introducirse durante 2 días a la semana y en días alternos.
La espasticidad ( la dificultad en el movimiento por la rigidez ) puede mejorarse con los estiramientos y la natación.
Os dejamos algunos ejercicios que mejoran ciertos síntomas ( siempre teniendo presente que todo entrenamiento ha de individualizarse):

ESPASTICIDAD
Natación / hidroterapia
Estiramientos- crioestiramientos / cinesiterapia pasiva
Contracción / relajación

TRASTORNOS SENSORIAL
Caminar sobre arena
Juego con balones

TRASTORNOS DEL EQUILIBRIO
Natación / ejercicios acuáticos
Colchoneta
Bicicleta estática

TEMBLOR/ ATAXIA
Ejercicios acuáticos
Facilitación Neuromuscular Propioceptiva
Ejercicios de Frenkel
Transferencia de peso y desequilibrio en diferentes posturas
Biofeedback electromiográfico

DOLOR CRÓNICO Actividad física gradual;Elestroestimulación analgésica ( TENS);Hidroterapia
SÍNTOMAS RESPIRATORIOS Distintos tipos de respiración; Tonificación de la musculatura abdominal
DEBILIDAD MUSCULAR Programas de ejercicio de potenciación globales

Cómo trabajar las distintas capacidades físicas:

RESISTENCIA Actividades aeróbicas progresivas ( caminar, bicicleta o bicicleta estática; natación; esquí; senderismo…)
COORDINACIÓN Propiocepción ( ejercicios de marcha sobre una línea; de puntillas, de talones, levantando rodillas)Ejercicios con ojos cerrados ( realización de recorridos familiares)
FUERZA Sobrecargas ( Isocinéticos, mancuernas, gomas elásticas);Autocargas ( propio peso corporal, semisentadillas, abdominales, fondos…)
FLEXIBILIDAD Rutina de estiramientos

Con una planificación de entrenamiento 15 semanas con 4 sesiones semanales divididas en tres ciclos de 5 semanas en las que se combina trabajo aeróbico ( terapia acuática; bicicleta estática o carrera a pie) con trabajo de fuerza y siempre acompañados de un calentamiento inicial y una vuelta a la calma, se ha demostrado que se consigue una importante mejora en la espasticidad, la fuerza, el equilibrio, la fatiga y , en general, un reducción significativa en la puntuación de las escalas de la discapacidad.