PLANIFICACIÓN DE ENTRENAMIENTO MEDIANTE UNA PRUEBA DE ESFUERZO

Posted by on dic 15, 2013 in Blog, Rendimiento | 0 comments

PLANIFICACIÓN DE ENTRENAMIENTO MEDIANTE UNA PRUEBA DE ESFUERZO

Hace unas semanas expusimos la importancia que tiene la realización de una prueba de esfuerzo para conocer la adaptación del organismo al ejercicio a nivel cardiovascular. Esta semana pretendo aclarar el motivo por el cual una prueba de esfuerzo nos puede dar información para hacer una planificación de un entrenamiento individual según los objetivos. Mediante una prueba de esfuerzo también podemos obtener datos que nos permitan conocer la adaptación del organismo a nivel respiratorio y metabólico.

Las pruebas de esfuerzo con ergoespirometría ( análisis de gases)  puede realizarse en cicloergómetro o tapiz rodante y mediante varios protocolos. Si bien es cierto que mediante el cicloergómetro el registro electrocardiográfico y de tensión arterial ( TA) es más preciso, el correr es un proceso más fisiológico , se obtienen valores más altos de frecuencia cardíaca ( FC) y se registra mayor adaptación muscular a cargas más altas. La ergoespirometría persigue la valoración funcional, la aplicación de los datos obtenidos al rendimiento deportivo del individuo e incluso  es capaz de dar información sobre las limitaciones en la capacidad de esfuerzo.

Tradicionalmente con los datos que se obtienen de una prueba de esfuerzo con ergoespirometría podemos planificar un modelo trifásico de entrenamiento. A través de valores como el consumo de oxígeno máximo o la determinación de los umbrales aeróbico y anaeróbico y complementado con el valor de la frecuencia cardíaca podemos establecer unos ritmos de entrenamiento personalizados en función de los objetivos a alcanzar con el entrenamiento.

En el músculos existen tres mecanismos o vías metabólicas que son de suma importancia para comprender las limitaciones que se presentan en la actividad física. Estos sistemas son:

1.Sistema del fosfágeno ; la energía del sistema fosfágeno se utiliza en las breves y bruscas oleadas de potencia muscular.

2. El sistema glucógeno- ácido láctico: Cuando el glucógeno muscular almacenado se degrada , proporciona glucosa, y es, mediante la metabolización de esa glucosa, por la cual se obtiene la energía. La glucólisis, el primer paso de este proceso  , se realiza sin oxígeno y por ello se conoce con el nombre del metabolismo anaeróbico. Mediante este sistema de metabolización, se pueden obtener moléculas de ATP ( nuestra moneda energética) a una velocidad 2,5 veces  mayor que la que proporciona el metabolismo oxidativo de las mitocondrias. Por eso, cuando se necesitan ATP en períodos breves o moderados de contracción muscular, la glucólisis anaeróbica se convierte en nuestra vía de energía rápidamente disponible.

3. En contraposición existe el metabolismo aeróbico, que consiste en la oxidación de sustratos en las mitocondrias para la obtención de energía. Este sistema en comparación con los otros dos es la vía mediante la que menos tasa de ATP por minuto se genera.

 

Así pues es fácil observar que el sistema de fosfágeno es el que se emplea en las situaciones en las que el músculo necesita oleadas bruscas de energía en pocos segundos, mientras que el sistema aeróbico es el que se emplea en una actividad prolongada. En medio de ambos se encuentra el sistema de glucógeno- ácido láctico.

 

Cuando comenzamos un ejercicio, con una intensidad ligera-moderada ( siempre en relación al nivel de entrenamiento de cada individuo) el metabolismo que impera es el metabolismo aeróbico. Las fibras musculares que trabajan en este primer nivel son fibras lentas  o tipo I. El sustrato energético esencial son los ácidos grasos. Esta fase de oxidación de grasa va aumentando de forma progresiva hasta que se alcanza la transición entre fase aeróbica y anaeróbica ( transición que depende, nuevamente, del nivel de entrenamiento de cada persona en resistencia aeróbica y cuyo valor se determina a través de una prueba de esfuerzo con ergoespirrometría). Cuanto más tarde se alcanza esta transición, más ácidos grasos se metabolizarán. La finalidad de entrenar esta primera fase es la de optimizar esta vía oxidativa es decir, aumentar la resistencia frente a un trabajo prolongado ( realizar un mismo esfuerzo alcanzando menos nivel de fatiga).

A medida que se aumenta la intensidad de trabajo nos aproximamos a la segunda fase y aquí comenzamos a tener la participación de las fibras musculares tipo IIa que nos aportan una velocidad extra ( nuevamente el momento en el que esto comienza depende de cada persona y de su nivel de entrenamiento; y nuevamente es mediante la realización de una prueba de esfuerzo mediante la que podemos conocer donde se encuentra esa transición) Sigue existiendo una alta capacidad oxidatida, pero a medida que aumentamos la intensidad comienza a entrar en participación la vía de obtención de energía mediante los hidratos de carbono ( que recordemos que su principal inconveniente es que son finitos). El entrenamiento en el límite alto de esta fase busca retrasar la aparición de la fase III de este modelo trifásico de entrenamiento ( fase III en el que ya aparece la fatiga), el entrenamiento en esta zona pretende ser más eficiente aumentando la capacidad oxidativa de las fibras tipo IIa y que éstas sean capaces de utilizar la grasa intramuscular consiguiendo un ahorro de glucógeno intramuscular. Un entrenamiento continuo intensivo es que el busca mejorar este efecto.

Una vez empieza a predominar el metabolismo  anaeróbico para la obtención de energía, es decir, una vez que la principal fuente de energía está protagonizada por la vía glucolítica,  nos encontramos en el umbral anaeróbico que da paso a la fase III, fase en la que nuestro  organismo no es capaz de aclarar la cantidad de ácido láctico con la misma rapidez con la que se produce. Esto produce su acumulación y es por la presencia de esta acidosis que se genera por la que termina apareciendo la fatiga. Entrenar a estos niveles y en las inmediaciones de este umbral anaeróbico persigue que podamos tolerar mayores concentraciones de ácido láctico y el déficit de oxígeno. Una forma de entrenar este objetivo es mediante los entrenamientos interválicos ( o los conocidos como HIIT)

Por lo tanto existen diferentes modalidades de entrenamiento en función de los objetivos individuales a alcanzar, y  los parámetros de frecuencia cardíaca en los que trabajar para mejorar una fase u otra nos la aporta una prueba de esfuerzo máxima con ergoespirometría y registro ECG. El conocimiento de estos parámetros permite la planificación personalizada de un entrenamiento por objetivos.